martes, 12 de febrero de 2019

Comentario de "El Otoñado", de Juan Ramón Jiménez






Estoy completo de naturaleza,
En plena tarde de áurea madurez,
Alto viento en lo verde traspasado.
Rico fruto  recóndito, contengo
Lo grande elemental en mí (la tierra,
El fuego, el agua, el aire) el infinito.

Chorreo luz: doro el lugar oscuro,
Trasmino olor: la sombra huele a dios,
Emano son: lo amplio es honda música,
Filtro sabor: la mole bebe mi alma,
Deleito el tacto de la soledad.

Soy tesoro supremo, desasido,
Con densa redondez de limpio iris,
Del seno de la acción. Y lo soy todo.
Lo todo que es el colmo de la nada,
El todo que se basta y es servido
De lo que todavía es ambición.



EL OTOÑADO

RESUMEN
El poeta se siente plenamente identificado con la naturaleza e igual que ella contiene dentro de sí la plenitud, la totalidad.

TEMA
El estado de plenitud conseguido por el poeta.

ESTRUCTURA
El poema se divide en tres estrofas; dos de ellas con el mismo número de versos y una, la central, con uno menos debido a que cada uno de ellos se  refiere a un sentido. Los versos son endecasílabos y no presentan rima, solo alguna asonancia.
En cuanto al contenido no presenta ninguna división, ya que en todo el poema el escritor nos habla de ese estado al que ha conseguido acceder.

COMENTARIO
El poeta empieza hablándonos de algo que nos resulta en principio extraño: se encuentra completo de naturaleza, es decir, se siente igual que ella en la madurez de su vida: “en plena tarde de áurea madurez”.
Como podemos observar J. Ramón se refiere a la tarde (madurez del día) y la califica positivamente de dorada, es decir, que para él esa etapa de la vida tiene connotaciones positivas.
El escritor se está identificando con el árbol que ha llegado a su madurez (su otoño) y ha conseguido dejar atrás su juventud, su inexperiencia, por eso dice “alto viento en lo verde traspasado”, asociando el verde con la juventud y con la falta de conocimiento. Igual que el árbol produce su fruto, él oculta dentro de sí el suyo: los elementales del universo, es decir, la totalidad, el infinito. Nótese la paradoja existente en “lo grande elemental”, paradoja que le sirve al autor para expresar cómo en lo sencillo está la totalidad.
En la segunda estrofa nos habla de la plenitud sensitiva que ha conseguido alcanzar. La luz sale de él y es capaz de llegar al lugar oscuro, como si fuera Dios o el propio cosmos. Los olores pasan a través de él y ello le hace identificarse con  un dios, con la propia naturaleza que exhala olor. Aquí J. R. J. recurre a la sinestesia , figura muy utilizada tanto por los modernistas como por el escritor (“la sombra huele a dios). Observemos que el poeta habla de dios con minúscula puesto que se está refiriendo al concepto personal que tiene de él, no al concepto religioso.
El sonido sale también de él: la totalidad (lo amplio) produce musicalidad. Esa misma idea de plenitud volvemos a encontrarla en el verso siguiente cuando dice “la mole bebe mi alma”, es decir, su alma está disuelta en la inmensidad de la mole, del universo. Nuevamente encontramos  una sinestesia en “deleito el tacto de la soledad”. A través de estos cinco versos paralelísticos, dedicados a cada uno de los sentidos, el poeta nos ha dejado claro que se encuentra en una plenitud total, se siente naturaleza, pero una naturaleza identificada también con dios, capaz de crearlo todo. Por eso, en la siguiente estrofa comienza diciendo que es “tesoro supremo”, no puede llegar a mayor plenitud.
 J. Ramón se siente libre de la acción, en un estado de arrobamiento místico. El arco iris y la redondez vuelven a connotar el estado de plenitud, de perfección alcanzada. Igual sucede con las paradojas que aparecen en los siguientes versos “el todo que es el colmo de la nada”, “el todo que se basta y es servido de lo que todavía es ambición”. Los contrarios todo /nada, todo/ambición expresan la totalidad.
Ahora comprendemos perfectamente el título del poema: el otoñado es la estación total, la plenitud a la que el poeta ha llegado y a la que alude el título del libro al que pertenece.  Es un neologismo creado por el poeta a partir del sustantivo otoño, estación que J. Ramón está identificando con la plenitud, con el estado de perfección al que  ha llegado, estado que le permite una integración en la naturaleza y una disolución en el cosmos.
En resumen, estamos ante un poema de la última etapa de J. Ramón, de la llamada época suficiente o verdadera. Podemos apreciar en él algunos rasgos modernistas que todavía persisten (el uso de la sinestesia, el otoño), pero pocos. La sencillez a la que ha llegado el autor, lejos del ornato modernista, sin embargo, no facilita la comprensión del poema, sino que al despojarlo de la adjetivación, de la sonoridad (sólo perceptible en “rico fruto recóndito) y de la proliferación de figuras retóricas (casi exclusivamente paralelismos y paradojas) el contenido se ha hecho más denso.
En cuanto a la métrica el poema se halla también distante del Modernismo inicial, versos libres con leves asonancias.



Comentario de "¿Quién pasará?", de Juan Ramón Jiménez





¿Quién pasará mientras duermo
por mi jardín? A mi alma
llegan en rayos de luna
voces henchidas de lágrimas.

         Muchas veces he mirado
desde el balcón, y las ramas
se han movido y por la fuente
he visto quimeras blancas.

         Y he bajado silencioso…
y por las finas acacias
he oído una risa, un nombre
lleno de amor y nostalgia.

         Y después, calma, silencio,
estrellas, brisa, fragancias…
la luna pálida y triste
dejando luz en el agua…

                                                       ¿QUIÉN PASARÁ…?


            RESUMEN
            El poeta se pregunta quién pasará por su jardín, quién pronuncia voces llenas de lágrimas; intentando descubrir ese misterio mira desde el balcón y ve fantasmas; baja y cree oír una risa que desaparece y sólo queda la luna pálida.                               
          TEMA
            La nostalgia de un amor perdido.

            ORGANIZACIÓN DE IDEAS
            El poema podemos dividirlo en tres partes. La primera se correspondería con la primera estrofa en  que el poeta se interroga acerca de la identidad  que vaga por el jardín. La segunda  ocuparía los ocho versos siguientes; aquí el yo poético nos narra las acciones que ha llevado a cabo para descubrir el misterio. En la tercera parte, que se correspondería con la última estrofa, ya nos habla de los elementos reales.

             COMENTARIO
            El poema consta de cuatro coplas. En cuanto a la métrica y a la rima no responde al Modernismo, pero en la temática podemos apreciar que sí. El propio título sugiere el misterio y el del libro al que pertenece  responde al gusto por la musicalidad (arias tristes) y al estado de melancolía o tristeza  tan propio de modernistas y románticos.
            Comienza con un elemento típico modernista: el jardín, asociado a las ensoñaciones del poeta, a su mundo interior. La ambientación  se corresponde con la herencia romántica del Modernismo: la noche, el rayo de luna, el llanto. Su alma dormida percibe ruidos de voces misteriosas que lloran;  probablemente el poeta perciba los ruidos de la noche, del viento, y los confunda, debido a su estado de ánimo, con voces llorosas.
             Una vez que el ruido le ha despertado, intrigado, intenta descubrir la identidad de la persona que lo produce. Ahora la sensación es visual, cree ver fantasmas (quimeras blancas)  entre las frondas, por la fuente, otro elemento característico del Modernismo.           
            La intriga aumenta y el poeta intenta descubrir al intruso, por eso baja en silencio. Ahora parece que Juan Ramón evoca algún amor perdido, como si la que anduviera por el jardín fuera una mujer que provocara en su recuerdo una imagen de felicidad pasada (un nombre lleno de amor y de nostalgia). De nuevo  ha vuelto a las sensaciones auditivas “he oído una risa y un nombre”, dice.
En la última estrofa queda patente la importancia de las sensaciones: auditivas (silencio), visuales (estrellas, la luna pálida y triste), táctiles (brisa), olfativas (fragancias). Versos muy modernistas, literatura de los sentidos. En la noche, ante el silencio y la contemplación de la luna y las estrellas el poeta se siente pleno de belleza. Por otro lado, la asociación entre este poema y  El rayo de luna, de Bécquer es inevitable, recordemos que en ella el protagonista persigue un ideal amoroso que no es sino el rayo de luna que se refleja en el estanque.
            El lenguaje utilizado por Juan Ramón es sencillo, está lejos de la exquisitez modernista. Siguiendo con esa misma línea de sencillez el uso de figuras retóricas, si bien abundante, es de gran simplicidad, destacan: la interrogación retórica inicial, el polisíndeton (y las ramas, y por la fuente; y he bajado y por las finas acacias: y después), la anáfora que se da en algunos de esos mismos versos que empiezan por la conjunción “y”, la personificación  (la luna pálida y triste), la enumeración asindética en la que no utiliza artículos (calma, silencio, estrellas, brisa, fragancias), el uso en tres ocasiones de los puntos suspensivos que producen un efecto sugerente en el lector y la metáfora en que identifica los rayos de luna con voces que lloran. 



jueves, 7 de febrero de 2019

Comentario de "Campos de Soria (VII)", de Antonio Machado





CAMPOS DE SORIA ( PARTE VII).
           

¡Colinas plateadas,
grises alcores, cárdenas roquedas
por donde traza el Duero
su curva de ballesta
en torno a Soria, obscuros encinares,
ariscos pedregales, calvas sierras,
caminos blancos y álamos del río,
tardes de Soria, mística y guerrera,
hoy siento por vosotros, en el fondo
del corazón, tristeza,
tristeza que es amor! ¡Campos de Soria
donde parece que las rocas sueñan,
conmigo vais! ¡Colinas plateadas,
grises alcores, cárdenas roquedas!...




            RESUMEN:
            Es una descripción de los campos de Soria, pero el autor no se limita sólo a describirlos, sino que nos explica cuáles son sus sentimientos ante ellos. Parece como si el autor tuviera  que  irse de esos campos tan queridos para él y estuviera despidiéndose de ellos.

            ESTRUCTURA:
            El poema tiene una estructura cerrada, termina como empezó, lo que produce una impresión de dolor, como si al poeta le costara alejarse de esos campos.
            Podemos apreciar dos partes en el poema: una primera descriptiva y una segunda en la que aparece el yo lírico , a partir del verso nueve, en la que aparecen los sentimientos del autor.

           
            COMENTARIO.
            La estrofa utilizada es una de las preferidas por Machado, la silva-romance o silva asonantada (heptasílabos y endecasílabos combinados libremente y con rima asonante “ea” en los versos pares).
            Nada más leer el poema observamos el tono exclamativo que domina todo el texto y que indica la intensa emoción con que el autor mira el paisaje. Igualmente observamos la abundancia de nombres y adjetivos y la escasez de verbos- sólo aparecen traza, siento, sueñan y vais-; incluso algunos de ellos son verbos de estado, de los que no expresan acción; estamos ante el estilo nominal tan característico de A. Machado. El predominio de nombres y adjetivos indica que nos hallamos ante una descripción de rasgos esenciales del paisaje.
Los primeros versos son una enumeración de aspectos del paisaje soriano. Machado parece observarlo con objetividad, como si mirara a su alrededor y nos describiera lo que ve con una mirada descendente (colinas, alcores, roquedas) y con una adjetivación cada vez más apagada (plateadas, grises,  cárdenas). A continuación Machado recurre a una metáfora que utiliza en algún otro poema suyo y que añade connotaciones guerreras (por donde traza el Duero/ su curva de ballesta) y que está anticipando la adjetivación que dedicará después a Soria. El encabalgamiento utilizado por el poeta contribuye a producir el efecto de la curva.
Continúa la enumeración. Los sustantivos (pedregales, sierras) y especialmente los adjetivos insisten en la dureza del paisaje, en la falta de fertilidad de esos terrenos. Las únicas notas alegres están en los caminos blancos y en los álamos del río. Parece que el autor ha seleccionado a propósito los aspectos más duros de ese paisaje.
La enumeración termina con “tardes de Soria, mística y guerrera”. Los dos adjetivos nos hacen pensar en el pasado histórico de Castilla, tierra de místicos y de guerreros. Pero esos adjetivos también están en la misma línea de dureza del paisaje que nos ha descrito.
A partir de aquí aparecen los sentimientos del poeta. Sentimientos de tristeza por el atraso, por la pobreza de las tierras castellanas, pero tristeza causada por su amor hacia ellas. Aquí encontramos el Machado más noventayochista, el que se identifica con el paisaje castellano.
A medida que avanzamos la emoción va creciendo, hecho que podemos apreciar en el uso de exclamaciones que ahora son más frecuentes y en la utilización de palabras que pertenecen al campo semántico de los sentimientos (fondo del corazón, amor, tristeza). La anadiplosis sirve para destacar el sentimiento de tristeza tan profundo que experimenta el autor ante ese paisaje. Éste parece humanizarse, parece soñar. Machado, de carácter soñador, proyecta  a menudo en la naturaleza esta tendencia suya.
Machado va a marcharse de Castilla con los campos de Soria dentro de su alma.
La repetición al final de los versos iniciales es como un volver la vista atrás hacia ese paisaje tan querido, como no deseando separarse de él o como queriendo llevárselo bien grabado en su alma.
            En resumen, parece difícil separar lo objetivo de  lo subjetivo, puesto que Machado ha llevado a cabo un selección de los elementos y ha escogido aquéllos que están más en consonancia con su  alma y con la visión dura y guerrera que tiene de Castilla.
             



Comentario de "Retrato", de Antonio Machado







RETRATO

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
ya conocéis mi torpe aliño indumentario-
mas recibí las flechas que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y más que un hombre al uso que sabe su doctrina
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard,
mas no amo los afeites de la actual cosmética
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.

Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos
y escucho solamente entre las voces una.

¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso como deja el capitán su espada;
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.

Converso con el hombre que siempre va conmigo
-quien habla solo espera hablar a Dios un día-.
Mi soliloquio es plática con este buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.

Y al cabo, nada os debo: debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.

Y cuando llegue el día del último viaje
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo, ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.
           
   

RESUMEN:
El poema, como indica su nombre, es un retrato (descripción física y psicológica) del propio autor. Comienza éste hablando de su infancia en Sevilla, de su juventud en Castilla, de alguna historia triste, de sus escasas dotes donjuanescas, a pesar de que ha conocido el amor. Sigue definiéndose como un hombre bueno. Continúa hablándonos de su estética y afirma que le importa más el fondo que la forma y que le gusta conversar consigo mismo. Termina con una premonición que desgraciadamente se cumplió.

ESTRUCTURA.
Las tres primeras estrofas nos hablan de la vida del poeta, de los lugares donde ha pasado su infancia, su juventud, de su historial amoroso y de su ideología. En las tres estrofas siguientes nos habla de su estética y en las tres últimas nos habla de su intimidad, de su trabajo presente y de su pobre futuro.

COMENTARIO:
El poeta nos da un retrato de sí mismo que se corresponde con la idea que tenemos de él. Su infancia en el patio sevillano con el limonero lánguido, su madurez en Castilla y esos casos que  no quiere recordar y que aluden probablemente a su juventud triste, a su amargura vieja.  Achaca su escaso éxito con las mujeres a su poca preocupación por la indumentaria, por ello no ha sido ni un Bradomín (protagonista valle-inclanesco) ni un Mañara (famoso personaje sevillano que tras una vida disoluta, se arrepintió, se hizo fraile y dedicó su dinero a los pobres). Sin embargo, conoció el amor y este sentimiento le pareció grato (“amé cuanto ellas pueden tener de hospitalario”).
 Ideológicamente se define como revolucionario (“hay en mis venas gotas de sangre jacobina”), auque sus versos no inciten a la revolución (“mi verso brota de manantial sereno”), porque por encima de todo es un hombre bueno.
 Estéticamente se ha formado en el modernismo y en el simbolismo francés (“en la moderna estética/ corté las viejas rosas del huerto de Ronsard”), pero declara que no le gusta el modernismo más superfluo, el de aquellos que sólo buscan la perfección formal (“mas no amo los afeites de la actual cosmética/ ni soy un ave de esas del nuevo gay –trinar). Notemos la puya contra los modernistas a los que identifica con aves del nuevo gay trinar; lo de gay lo utiliza probablemente como referencia a la gaya ciencia, estilo literario que se caracteriza por su dificultad de comprensión, igual que el modernismo; lo del trinar tiene que ver con el canto de  las aves y con la musicalidad modernista.
    Prefiere escucharse a sí mismo, antes que convertirse en un mero imitador (“a distinguir me paro las voces de los ecos,/ y escucho solamente entre las voces, una “). Su actitud hacia esos modernistas vacíos  es de repulsa (“desdeño las romanzas de los tenores huecos/ y el coro de los grillos que cantan a la luna”). Ahora identifica a los modernistas con tenores huecos, cuyos cantos suenan muy bien, pero no dicen nada, y con  grillos que cantan a la luna, debido a la importancia de la música y de la  luna en sus composiciones. Esta actitud crítica se debe a que a Machado le importa más el fondo que la forma y desea que sus versos sean conocidos no por ser clásicos o románticos, sino por lo que digan (“Dejar quisiera/ mi verso como deja el capitán su espada/ famosa por la mano viril que la blandiera/ no por el docto oficio del forjador preciada”).
         Antonio  Machado era un hombre solitario y mirándose a sí mismo aprendió a amar a los demás. Ese comportamiento le lleva a pensar que algún día posiblemente le permita ver a Dios, ya que no hace ningún mal a nadie.
La imagen de pobreza que nos da de sí mismo en las dos últimas estrofas se corresponde igualmente con lo que nos cuentan de él. Podemos percibir un cierto orgullo cuando nos habla de que no nos debe nada, puesto que lo poco que tiene lo ha ganado con su trabajo, en cambio los lectores estamos en deuda con él, ya que su afición literaria no le reportaba ganancias y lo hacía por afición. Especialmente tristes resultan los cuatro últimos versos en los que el autor habla de cómo cuando llegue la muerte (“el día del último viaje”) lo encontrará pobre y dispuesto a ella  (sabemos que Machado murió en Collioure acogido por el dueño de un pequeño hotel). Hace referencia a la mitología cuando habla de la nave, el barco en el que somos transportados de una orilla a otra.
A pesar  de que Machado haya afirmado que no le gusta el Modernismo, en el poema encontramos  características de  dicho movimiento literario, como el uso de serventesios alejandrinos; la alusión a Bradomín, personaje de una de las mejores obras del modernismo español;  el retoricismo con que se refiere a los modernistas; o el abundante uso de metáforas de que hace gala en este poema y que, como sabemos, no son muy frecuentes en su obra.


jueves, 31 de enero de 2019

Comentario de "A un olmo seco", de Antonio Machado




Al olmo viejo, hendido por el rayo 
y en su mitad podrido, 
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.


  ¡El olmo centenario en la colina 
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina 
al tronco carcomido y polvoriento.


 No será, cual los álamos cantores 
que guardan el camino y la ribera, 
habitado de pardos ruiseñores.
 


Ejército de hormigas en hilera 
va trepando por él, y en sus entrañas 
urden sus telas grises las arañas.


  Antes que te derribe, olmo del Duero
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana, 
lanza de carro o yugo de carreta; 
antes que rojo en el hogar, mañana, 
ardas en alguna mísera caseta, 
al borde de un camino; 
antes que te descuaje un torbellino 
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,  
olmo, quiero anotar en mi cartera 
la gracia de tu rama verdecida. 


Mi corazón espera 
también, hacia la luz y hacia la vida, 
otro milagro de la primavera.

A UN OLMO SECO


RESUMEN.
El poeta canta la belleza de un olmo casi seco, podrido, derribado por un rayo al que la primavera ha sido capaz de “resucitar”, ya que le han salido algunas hojas nuevas. Antes de que desaparezca definitivamente bien por causas naturales o por la mano del hombre, quiere cantar el milagro de la vida operado en él, porque desea que también se produzca en su mujer, enferma como el olmo.

TEMA.
El milagro de la primavera capaz de hacer renacer la vida.
.
PARTES.
La primera es una descripción del estado del olmo y de su localización que llega hasta el verso 14 (“urden sus telas grises las arañas”).
La segunda está marcada por la temporalidad de la subordinada “antes que”. El poeta se detiene en enumerar posibles formas de morir del árbol y expresa su deseo de escribirle un poema.
La tercera parte (tres últimos versos) es la más importante, en ella se nos explica por qué el poeta se ha fijado en ese olmo y se nos muestran sus esperanzas.
La estructura externa se trata de una silva.
COMENTARIO
Nos encontramos ante un poema de Antonio Machado perteneciente a Campos de Castilla. Al final podemos apreciar que está fechado en Soria en 1912, dato muy significativo, ya que es el año en que murió Leonor, su esposa.
En los cuatro primeros versos nos describe  el  estado enfermizo del olmo (hendido por el rayo, podrido) que ha sido capaz de albergar vida gracias a la acción conjunta de la lluvia y el sol primaverales.
El uso de la exclamación indica el sentimiento tan profundo que los olmos centenarios despiertan en el alma del escritor. El paisaje tan querido para Machado y descrito por él en tantas ocasiones, las orillas del Duero a su paso por Soria, aparece personificado para concederle mayor importancia (“que lame el Duero”). El poeta insiste en el mal estado físico del árbol al que le ha salido un musgo amarillento, falto de vida. La adjetivación usada por el poeta nos anuncia la inminente muerte del olmo, así lo indica todo su aspecto exterior (corteza blanquecina, el tronco carcomido, polvoriento; el musgo amarillento).
Compara el olmo con los álamos y, a diferencia de ellos, el olmo no tendrá ruiseñores, es decir, no albergará vida en sus ramas. Destacamos aquí el uso que hace el poeta de un adjetivo traspuesto: los álamos no son cantores, los ruiseñores que habitan en ellos, sí. Dos símbolos machadianos aparecen unidos aquí: el camino y el río; ambos simbolizan la vida que pasa. En contraposición con ellos los árboles de las orillas que connotan lo que permanece y los pájaros que con sus cantos se asocian a la  vida y son capaces de unir ambas orillas.
La sensación de malestar físico en que se encuentra el olmo aumenta al referirse el poeta al ejército de hormigas, ya que la asociación de ambos elementos es muy negativa (el ejército destruye todo a su paso y el color de las hormigas es el negro). En lo más hondo de su ser, en las entrañas, las grises arañas están también acabando con la escasa vida que le resta al olmo, tejiendo sus telas, es decir, dándolo prácticamente por muerto.
A continuación Machado nos habla del futuro que le espera al árbol ya muerto. La mano humana lo cortará y lo utilizará para que le dé calor, o bien lo transformará y lo convertirá en soporte de alguna campana o en algún instrumento propio de los labriegos. Quizás sea la propia fuerza de la naturaleza la que acabe con él definitivamente: el río lo empujará al mar (muerte); el torbellino producido por la bravura de las aguas al saltar  estas los barrancos lo destrozará o bien el viento frío procedente de las sierras lo helará.
Antes de que desaparezca por completo Machado quiere cantar el milagro de esa rama verdecida porque él se ha identificado con ese elemento del paisaje, esperando que la primavera produzca el mismo milagro en su esposa enferma, por eso dice “hacia la luz y hacia la vida”.
Finalmente podemos apreciar cómo Machado aúna la “objetividad” (descripción de un paisaje) con la subjetividad (todos los elementos están escogidos porque se ajustan a su situación vital).

domingo, 20 de enero de 2019

Comentario de "La tarde", de Antonio Machado









Fue una clara tarde, triste y soñolienta
tarde de verano. La hiedra asomaba
al muro del parque, negra y polvorienta...
La fuente sonaba.
Rechinó en la vieja cancela mi llave;
con agrio ruido abriose la puerta
de hierro mohoso y, al cerrarse, grave
golpeó el silencio de la tarde muerta.
En el solitario parque, la sonora
copia borbollante del agua cantora
me guió a la fuente. La fuente vertía
sobre el blanco mármol su monotonía.
La fuente cantaba: ¿Te recuerda, hermano,
un sueño lejano mi canto presente?
Fue una tarde lenta del lento verano.
Respondí a la fuente:
No recuerdo, hermana,
mas sé que tu copla presente es lejana.
Fue esta misma tarde: mi cristal vertía
como hoy sobre el mármol su monotonía.
¿Recuerdas, hermano?... Los mirtos talares,
que ves, sombreaban los claros cantares
que escuchas. Del rubio color de la llama,
el fruto maduro pendía en la rama,
lo mismo que ahora. ¿Recuerdas, hermano?...
Fue esta misma lenta tarde de verano.
—No sé qué me dice tu copla riente
de ensueños lejanos, hermana la fuente.
Yo sé que tu claro cristal de alegría
ya supo del árbol la fruta bermeja;
yo sé que es lejana la amargura mía
que sueña en la tarde de verano vieja.
Yo sé que tus bellos espejos cantores
copiaron antiguos delirios de amores:
mas cuéntame, fuente de lengua encantada,
cuéntame mi alegre leyenda olvidada.
—Yo no sé leyendas de antigua alegría,
sino historias viejas de melancolía.
Fue una clara tarde del lento verano...
Tú venías solo con tu pena, hermano;
tus labios besaron mi linfa serena,
y en la clara tarde dijeron tu pena.
Dijeron tu pena tus labios que ardían;
la sed que ahora tienen, entonces tenían.
—Adiós para siempre la fuente sonora,
del parque dormido eterna cantora.
Adiós para siempre; tu monotonía,
fuente, es más amarga que la pena mía.
Rechinó en la vieja cancela mi llave;
con agrio ruïdo abrióse la puerta
de hierro mohoso y, al cerrarse, grave
sonó en el silencio de la tarde muerta.

Fue una clara tarde, triste y soñolienta
tarde de verano. La hiedra asomaba
al muro del parque, negra y polvorienta...
La fuente sonaba.
Rechinó en la vieja cancela mi llave;
con agrio ruido abriose la puerta
de hierro mohoso y, al cerrarse, grave
golpeó el silencio de la tarde muerta.
En el solitario parque, la sonora
copia borbollante del agua cantora
me guió a la fuente. La fuente vertía
sobre el blanco mármol su monotonía.
La fuente cantaba: ¿Te recuerda, hermano,
un sueño lejano mi canto presente?
Fue una tarde lenta del lento verano.
Respondí a la fuente:
No recuerdo, hermana,
mas sé que tu copla presente es lejana.
Fue esta misma tarde: mi cristal vertía
como hoy sobre el mármol su monotonía.
¿Recuerdas, hermano?... Los mirtos talares,
que ves, sombreaban los claros cantares
que escuchas. Del rubio color de la llama,
el fruto maduro pendía en la rama,
lo mismo que ahora. ¿Recuerdas, hermano?...
Fue esta misma lenta tarde de verano.
—No sé qué me dice tu copla riente
de ensueños lejanos, hermana la fuente.
Yo sé que tu claro cristal de alegría
ya supo del árbol la fruta bermeja;
yo sé que es lejana la amargura mía
que sueña en la tarde de verano vieja.
Yo sé que tus bellos espejos cantores
copiaron antiguos delirios de amores:
mas cuéntame, fuente de lengua encantada,
cuéntame mi alegre leyenda olvidada.
—Yo no sé leyendas de antigua alegría,
sino historias viejas de melancolía.
Fue una clara tarde del lento verano...
Tú venías solo con tu pena, hermano;
tus labios besaron mi linfa serena,
y en la clara tarde dijeron tu pena.
Dijeron tu pena tus labios que ardían;
la sed que ahora tienen, entonces tenían.
—Adiós para siempre la fuente sonora,
del parque dormido eterna cantora.
Adiós para siempre; tu monotonía,
fuente, es más amarga que la pena mía.
Rechinó en la vieja cancela mi llave;
con agrio ruïdo abrióse la puerta
de hierro mohoso y, al cerrarse, grave
sonó en el silencio de la tarde muerta.




                                   LA TARDE. VI 
RESUMEN:
     El poeta se dirige a un parque conocido y entabla un diálogo  con la fuente Ésta intenta que el poeta recuerde otra tarde similar en la que él estuvo allí hace ya algún tiempo. El autor por un momento piensa que la fuente está hablando de  alguna bonita historia de amor. Sin embargo, la fuente sólo recuerda historias de soledad y de pena. Machado se enfada al constatar que su amargura es vieja y se va del lugar diciéndole a la fuente que su monotonía es peor que aquélla.

TEMA:
      La evocación de un momento pasado ante circunstancias similares a las actuales.

ESTRUCTURA:
     Podemos dividir el poema en tres partes. La primera  desde que el poeta va aproximándose al parque hasta que llega a la fuente (12 primeros versos). La segunda es un diálogo con ella (versos 13 a 48). La tercera es una vuelta al principio (cuatro últimos versos). La estructura es, pues, cíclica.

COMENTARIO:
     Machado nos habla en este poema de un tema muy característico de su primer libro, Soledades, su melancolía; melancolía que en este caso no podemos precisar exactamente a qué se debe, pero sí sabemos que es vieja en él.
     Representativos también de su primera época, modernista, son: la tarde, la fuente y el parque. Es un parque muy de la época, muy de Verlaine, y era frecuente suspirar en esos jardines, mostrar la nostalgia modernista heredada de los románticos. La tarde de verano, calurosa, propicia asimismo la melancolía.
     Los versos utilizados responden igualmente al gusto modernista: dodecasílabos y algún hexasílabo, con rima consonante, en pareados o en forma ABAB. Recordemos que estos versos fueron utilizados por los modernistas por imitación de la literatura francesa.
    Es un poema muy lírico en el que Machado para descubrirnos sus pensamientos ha recurrido a la personificación de la fuente para poder entablar un diálogo con ella, ha dramatizado el monólogo interior para que le sirva de interlocutora.
     El poema empieza situándonos en una tarde triste de verano. Al  principio el poeta se encuentra en el exterior del parque (“la hiedra asomaba”, “la fuente sonaba”). A medida que  avanzamos, él también lo hace hacia el interior del parque (abre la cancela, el ruido del agua le lleva hasta la fuente).
     Se entabla el diálogo con la fuente. Ésta insiste en que el poeta recuerde, de ahí las repeticiones de “¿Recuerdas, hermano?“; insiste también en que las circunstancias ambientales eran las mismas : “fue esta misma tarde”, fue esta misma lenta tarde”, “fue una clara tarde del lento verano”. Aquí podemos apreciar el contraste entre el “fue” (expresa tiempo pasado y acción terminada) y el uso de “esta misma tarde” (tiempo presente). Contraste que aparece también en “¿Te recuerda, hermano, / un sueño lejano mi canto presente?” y que se explica porque el momento es igual al pasado y los sentimientos del poeta son los mismos que tenía entonces: “la sed que ahora tienen, entonces tenían”. Destacar aquí también la contraposición entre leyendas (sucesos no comprobados) e historias (hechos comprobados). Por último, el poeta que por momentos se había hecho la ilusión de que esos recuerdos eran leyendas alegres, vuelve a alejarse de allí enfadado por las “historias viejas de melancolía” que le cuenta la fuente.
     El ritmo del poema es lento, debido a las constantes repeticiones que el poeta usa; lentitud que se corresponde perfectamente con la  larga tarde de verano, con su monotonía.
     La adjetivación es abundante. La tarde es triste y soñolienta; la hiedra, negra y polvorienta; el parque, solitario; la copla, borbollante; el agua, cantora; el mármol, blanco (epíteto); el fruto, maduro; la fruta, bermeja; los bellos espejos,  cantores; la linfa, serena, etc. Adjetivación que es asimismo característica modernista y que obedece también al estilo nominal de Machado: uso abundante de adjetivos y nombres y escasez de verbos.
     Los recursos estilísticos utilizados son numerosos, como corresponde también a los textos modernistas, en los que se busca especialmente la belleza formal, aunque como podemos apreciar aquí, a Machado no le interesa sólo la forma, sino que le importa más expresar sus sentimientos, respondiendo así a un modernismo más intimista.
     Entre las figuras utilizadas destacamos:
     La personificación de la fuente: dialoga con él; tiene lengua (“fuente de lengua encantada”); su copla es riente,  es tratada como hermana, tratamiento que está indicando una familiaridad entre ellos.
     Las metáforas: “la sonora /copla borbollante del agua cantora” = el ruido del agua. “Mi cristal” = agua. “Del rubio color de la llama,/ el fruto maduro pendía en la rama”= los limones amarillos. “Yo sé que tu claro cristal de alegría/ ya supo del árbol la fruta bermeja”= la fuente ya ha saboreado los limones que se han caído a su fondo al madurar; la fuente ha realizado su sueño, conseguir que los limones no sólo estén reflejados en sus aguas, sino que estén en ellas. Machado, sin embargo, no ha conseguido el suyo, cualquiera que fuese, posiblemente alguna historia amorosa:“La sed que ahora tienen, entonces tenían”.
     La aliteración que se produce en los versos “Rechinó en la vieja cancela mi llave; con agrio ruido abriose la puerta/ de hierro mohoso y, al cerrarse, grave/ golpeó el silencio de la tarde muerta”. Aliteración de los fonemas /r/, /r/, /o/, lo que contribuye al  efecto del ruido del que se está hablando.
     En la copla borbollante tenemos una onomatopeya, es decir, la palabra reproduce el sonido del agua. Tanto la aliteración como la onomatopeya contribuyen a la musicalidad, también característica modernista. Lo mismo sucede con las anáforas  (“Fue una clara tarde, fue una tarde lenta, fue esta misma tarde, fue una clara tarde”; “yo sé que tu claro, yo sé que tus bellos, yo no sé”) y con la anadiplosis : “y en la clara tarde dijeron tu pena/ dijeron tu pena…”
      Otra de las figuras más representativas del Modernismo, la sinestesia, la encontramos también  aquí : “con agrio ruido”
     Paralelismos o quiasmos: un sueño lejano mi canto presente; fue una tarde lenta del lento verano; los mirtos talares, / que ves, sombreaban los claros cantares/ que escuchas”;  “fuente de lengua encantada/ leyendas de antigua alegría”; “fuente sonora/ del parque dormido eterna cantora”, etc. Estos paralelismos contribuyen, como ya hemos dicho antes, a imprimir un ritmo lento al poema.
     En resumen, el texto responde muy bien a las características modernistas propias de una primera etapa machadiana.








lunes, 7 de enero de 2019

Comentario de "Para vivir no quiero...", de Pedro Salinas


Para vivir no quiero
Islas, palacios, torres.
¡Qué alegría más alta:
vivir en los pronombres!

Quítate ya los trajes,
Las señas, los retratos;
Yo no te quiero así,
Disfrazada de otra,
hija siempre de algo.
Te quiero pura, libre,
Irreductible: tú.
Sé que cuando te llame
Entre todas las gentes
del mundo,
sólo tú serás tú.
Y cuando me preguntes
Quién es el que te llama,
El que te quiere suya,
Enterraré los nombres,
Los rótulos, la historia.
Iré rompiendo todo
Lo que encima me echaron
Desde antes de nacer.
Y vuelto ya al anónimo
Eterno del desnudo,
De la piedra, del mundo,
Te diré:
“Yo te quiero, soy yo”.
   PARA VIVIR NO QUIERO

RESUMEN

El poeta contrapone los nombres, a los que considera como símbolos de una existencia no verdadera, a los pronombres, símbolos de la esencia, por eso le pide a su amada que se despoje de todo lo que no es esencial y se quede con el desnudo, con la esencia, él hará lo mismo. Este proceso se llevará a cabo gracias al amor.

 TEMA

El amor como fuerza capaz de hacer que los amantes lleguen a su propia esencia.


ORGANIZACIÓN DE LAS IDEAS

Podemos dividir el poema en dos partes: la primera iría desde los versos 1 al 11, en ella el poeta nos habla del presente en el que todavía no se ha llegado a la esencia de la persona. En la segunda parte, que llegaría hasta el final, el poeta nos habla de lo que sucederá en un futuro, cuando los amantes consigan llegar a la esencia.

COMENTARIO

El poema está escrito en versos heptasílabos, salvo el decimocuarto y el vigésimo segundo que son de tres y cuatro sílabas respectivamente; no hay una rima determinada, sino sólo una ocasional asonancia (entre los versos 2 y 4 y entre el 6 y el 9). Se observa asimismo la tendencia al verso corto propia de Salinas.
 Comienza el poeta con una negación un tanto sorprendente: no quiere vivir en una isla ni en un palacio ni en ninguna torre, es decir, no quiere llevar una vida de lujo, contrariamente a lo que podríamos desear muchos otros. Nuestro desconcierto se acentúa con la afirmación que hace a continuación  en la que nos muestra su deseo de vivir en los pronombres, ¿cómo es posible esto? Notemos además que el adjetivo que ha colocado a alegría no es frecuente que se asocie a dicho término; sin embargo, sabemos que es uno de los adjetivos más usados por Salinas para expresar la elevación o perfeccionamiento personal. El significado de estos versos quedará aclarado más tarde cuando hable de enterrar los nombres.
Continúa el autor dirigiéndose a la amada a quien le dice que se desnude, que se quite los trajes, las señas, los retratos, cualquier elemento que pueda confundirla, que haga que no sea ella misma (“no te quiero así/ disfrazada de otra/ hija siempre de algo). Frente a ello la quiere pura, libre, irreductible, con la sencillez, con la desnudez del pronombre “tú”.
 El poeta será capaz de identificar a su amada entre todas las gentes del mundo, como sucederá al final de los tiempos cuando Dios nos llame a cada uno personalmente. Quiere decir con ello Salinas que la fuerza del amor será tal que le permitirá identificar a la amada entre todas las personas del mundo, o sea, que se acercará al absoluto Vuelve a insistir en la importancia de los pronombres mediante el juego “sólo tú serás tú”.
 Cuando la amada haya sido capaz de llegar a ese estado amoroso de perfección, el autor estará preparado para alcanzarla, para dejar todo lo que lo convierte en otro
(“enterraré los nombres, la historia …lo que me echaron desde antes de nacer”), es decir, todo lo que lo ha marcado hasta ese momento y entonces se sentirá puro y se encontrará con su propia esencia simbolizada nuevamente en el pronombre “yo”.
Las contraposiciones son frecuentes en el poema: lo que no quiere para vivir y lo que sí quiere, lo que no quiere de la amada y lo que sí, los nombres y los pronombres, etc.
El ritmo del poema se consigue mediante el uso frecuente de paralelismos: disfrazada de otra/ hija de algo; cuando te llame/ cuando me preguntes; el que te llama/ el que te quiere suya.
Otras figuras retóricas usadas por Salinas son la enumeración asindética (islas, palacios, torres; los trajes, las señas, los retratos; los nombres, los rótulos, la historia), la epífora (irreductible tú/ …sólo tú serás tú), la epanadiplosis (yo te quiero, soy yo), además en los dos últimos ejemplos el poeta juega con las palabras. Esto nos sirve para afirmar que el poema, aunque en apariencia sencillo, no lo es tanto.
En resumen, estamos ante un poema muy característico de Salinas, por su temática amorosa, por el concepto que transmite del amor como fuerza que enriquece al amante y a la amada, que consigue perfeccionarlos, por el uso de los pronombres yo y tú con los que juega creando una confusión aparente en el lector.